Abril de 1792. Un marqués matemático dice algo que no existía en ninguna parte: enseñar a todos no es caridad, es una deuda de la sociedad. Y luego lo proscriben.
Asómbrate con esto: el texto fundacional de la escuela pública europea es un texto derrotado. Nunca se votó. Y su autor murió solo, en una celda.
El marqués de Condorcet —matemático, último de los ilustrados— presenta a la Asamblea, el 20 y 21 de abril de 1792, su plan de instrucción pública: cinco grados, de la escuela primaria a una sociedad nacional de ciencias. Gratuita. Para los dos sexos. Independiente del poder.
Pero ese mismo 20 de abril estalla la guerra. La Asamblea solo acuerda imprimir el informe. Nunca lo debate. Condorcet, perseguido, se esconde, escribe su testamento intelectual y aparece muerto en prisión el 29 de marzo de 1794.
La idea sobrevivió a su autor. La realidad tardó casi un siglo: la escuela gratuita, obligatoria y laica no llegó hasta las leyes de Jules Ferry (1881-82). El derecho se proclamó en 1791 y se cumplió en 1882.
El giro de la Ilustración: la instrucción deja de ser favor del príncipe o limosna de la Iglesia y pasa a ser condición de la ciudadanía.
Es una deuda de la sociedad, no una gracia. Sin instrucción, la igualdad que proclama la ley es ficción. Educar es hacer real lo que la ley solo declara.
Universal y gratuita en lo indispensable. Abierta al talento, sea cual sea la cuna. Independiente del poder —que el Estado pague la escuela, pero no dicte la verdad—. Y continua: «la instrucción no debe abandonar al individuo cuando sale de la escuela».
Aquí, el asombro amargo: entre la promesa y su cumplimiento median casi noventa años.
1791: la Constitución promete. 1792: el plan de Condorcet, sin votar. 1793: el plan de Lepeletier, amputado. 1794: muere Condorcet. El Terror devoró a su autor.
1833: la ley Guizot obliga a las comunas a tener escuela, pero no a los niños a ir; no es gratuita (solo para quien demuestre pobreza) ni laica, y es de niños.
Solo en 1881-82, con Ferry, se cumplen los tres principios juntos: gratuita, obligatoria, laica. Lo que Condorcet escribió huyendo de la guillotina tardó una vida humana entera en volverse aula.
«Hacer real la igualdad política que reconoce la ley: tal debe ser el primer fin de una instrucción nacional.»— Condorcet, Informe sobre la instrucción pública (1792)
«Ningún poder público debe tener la autoridad, ni siquiera el crédito, de impedir el desarrollo de las verdades nuevas.»— Condorcet, Informe (1792)
«La instrucción debe ser la misma para las mujeres y para los hombres.»— Condorcet, Cinco memorias sobre la instrucción pública (1791)
«Debe existir una instrucción necesaria para todos. La Sociedad se la debe a todos.»— Talleyrand, Informe a la Asamblea (1791)
La pensó y la escribió, pero su plan nunca se votó. La escuela gratuita, obligatoria y laica la realizó Jules Ferry casi un siglo después (1881-82).
Mito. Los planes de Condorcet y Lepeletier no se aplicaron; los decretos que sí se votaron fueron efímeros. La alfabetización masiva llega en el siglo XIX.
Falso matiz. Su Émile (1762) defiende una educación privada, individual, con preceptor: lo contrario de un sistema estatal de masas. Quien defendió la educación nacional fue La Chalotais (1763).
Por primera vez alguien dijo en voz alta que enseñar a todos no es caridad: es una deuda. Lo dijo, y lo mataron, y su ley quedó en un cajón noventa años. La próxima vez que alguien llame «privilegio» a la educación gratuita, recuérdalo: hubo quien la pensó como derecho antes de que existiera la costumbre de cumplirlo.
La verdad no mata la magia. La merece.
Cada hecho se contrastó en varias fuentes, con prioridad a documentos primarios y trabajos académicos. Donde algo no se pudo verificar, lo decimos arriba.